La innovación en la Agricultura

La innovación en la agricultura
La innovación en la agricultura

Los desafíos globales de la actualidad como el aumento de la población, el impacto del cambio climático, la necesidad de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero provocados por la agricultura, el rápido desarrollo de las economías emergentes y la creciente inestabilidad en torno a la escasez de tierra, agua y energía revelan algunas de las presiones a las que está sujeta la agricultura.

¿Sabías que la producción agrícola creció más del triple entre 1969 y 2015?

En parte fue debido a las tecnologías de la Revolución Verde que mejoraron la productividad, y a la expansión significativa del uso de la tierra, el agua y otros recursos naturales para fines agrícolas. En el mismo periodo, la alimentación y la agricultura se vieron sometidas a un marcado proceso de industrialización y globalización. Las cadenas de suministro de alimentos se han alargado de forma dramática a medida que ha ido creciendo la distancia física entre la explotación agrícola y la mesa, y el consumo de alimentos procesados, envasados y preparados ha crecido en todas las comunidades salvo en las zonas rurales más aisladas.

Para cubrir la demanda de alimentos en el 2050, se estima que la agricultura tendrá que producir casi un 50% más de alimentos, forraje y biocombustible de los que producía en el 2012.

Es en este escenario donde la innovación desempeña un rol crítico para lograr una agricultura competitiva y sustentable. En general, la innovación consiste en un proceso en el que se implementa algo novedoso para un contexto determinado, que es apropiado socialmente y que genera beneficios para las partes implicadas. Actúa como un impulsor del crecimiento económico y la competitividad en los países.

La innovación y los procesos que la generan no surgen de la nada: la innovación tiene lugar en un contexto socioeconómico dado y está determinada por la presencia o ausencia de condiciones propicias para que prospere.

El proceso de innovación ocurre, en gran medida, dentro de “sistemas de innovación” integrados por organizaciones y actores, privados y públicos, que se conectan de diversas maneras y reúnen las competencias técnicas, comerciales y financieras y los insumos necesarios para la innovación.

Para ahondar mejor en el tema, te explicaré brevemente el concepto de innovación.

Específicamente la innovación es la aplicación de nuevos conocimientos en los procesos productivos u organizacionales. Se trata, pues, de novedades y cambios útiles que bien pueden ser de carácter sustantivo (un gran cambio o mejora) o bien de tipo acumulativo (pequeños cambios que en su conjunto resulten en una mejora significativa). Para que se considere como una innovación, la novedad que se implementa debe ser algo nuevo para ese contexto y no necesariamente para el mundo.

¿Cuáles son los tipos de innovación?

Existen varias formas de clasificar la innovación. Algunas se utilizan en contextos particulares, como las que se mencionan con frecuencia en nuestro entorno agrícola:

  • Innovación institucional: En nuestro entorno, es aquella innovación que consiste en un cambio de políticas, normas, regulaciones, procesos, acuerdos, modelos, formas de organizarse, prácticas institucionales o relaciones con otras organizaciones, con el fin de crear un ambiente más dinámico y propicio para mejorar el desempeño de una institución o de un sistema y hacerlo más interactivo y competitivo.
  • Innovación tecnológica: Es la aplicación de nuevas ideas, conocimientos científicos o prácticas tecnológicas dirigidas al desarrollo, la producción y la comercialización de productos o servicios nuevos o mejorados, la reorganización o mejora de procesos productivos o la mejora sustancial de un servicio.
  • Innovación social. Trata del desarrollo o mejora sustancial de estrategias, conceptos, ideas, organizaciones, productos o servicios, que cambian positivamente la manera en que se satisfacen y responden a las necesidades sociales o que tiene propósitos sociales.

¿Qué es un sistema de innovación agrícola?

El concepto de sistemas de innovación comprende un espacio de entendimiento amplio que abarca distintos ámbitos como la investigación, la extensión y las demás funciones que promueven o implementan la innovación.

Un sistema de innovación comprende el conjunto de organizaciones, empresas e individuos (públicos y privados) que demandan y ofrecen conocimientos (codificados – tácitos) y competencias técnicas, comerciales y financieras, así como las normas y los mecanismos por los cuales estos diferentes actores interactúan y se interrelacionan dentro de contextos sociales, políticos, económicos, institucionales, entre otros.

Condiciones que favorecen la innovación

Ambiente propicio para la innovación

La innovación en la agricultura y el desarrollo rural, al igual que en otros sectores, tiene lugar en un contexto socioeconómico y está determinada por la presencia o ausencia de condiciones propicias, entre las que destacan el nivel de desarrollo interno, los marcos institucionales y normativos, la dotación de conocimientos y capacidades humanas, las condiciones económicas y financieras, las demandas de innovación que impone la propia sociedad y el ambiente regional y global.

Un elemento básico de las condiciones favorables para fomentar la innovación es la existencia de políticas agrícolas que eliminen distorsiones de mercado. Igualmente importantes son las políticas de ciencia, tecnología e innovación, las políticas de gestión de la propiedad intelectual, la simplificación de las regulaciones cuando sea posible y el desarrollo de servicios financieros y técnicos que apoyen los procesos de innovación en los eslabones de las cadenas de valor.

Desafíos Contemporáneos

La humanidad encara retos enormes y los relacionados con la agricultura no son menores. La seguridad alimentaria figura entre los primeros de la lista. Y es que la desnutrición, y todos los problemas asociados a ella, se concentran en los países con mayores rezagos (los llamados países emergentes).

Para alcanzar la seguridad alimentaria habría que aumentar la disponibilidad de alimentos, mejorar la accesibilidad (lograr que las personas que más los necesitan puedan acceder a ellos), darles el uso adecuado, y tener sistemas alimentarios estables.

La disponibilidad de alimentos depende de la producción local, o de la capacidad de importación del país), si es que no los producen en cantidad suficiente.

La accesibilidad se relaciona con la capacidad de compra y con la distribución; en el caso de los grupos marginados, la accesibilidad depende en buena medida de los programas sociales de los gobiernos.

La calidad y la inocuidad de los alimentos, la importancia de una buena nutrición, y la potabilidad del agua han saltado a un primer plano en las últimas décadas. Y la idea de contar con sistemas alimentarios estables apunta, justamente a garantizar el acceso a alimentos sanos, de buena calidad e inocuos, en todo momento, independientemente de los cambios en los mercados o de los fenómenos naturales.

Una de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el número de personas que padecen hambre en el mundo. Si bien las es- tadísticas señalan que la prevalencia del hambre pasó del 20 % de personas desnutridas en 1990-1992 a 16 % en 2010, como la población mundial sigue creciendo, en términos absolutos no ha habido avances. Por el contario, la cifra de afectados por el hambre en los países en desarrollo se ha elevado de 827 millones en 1990-1992 a 906 millones en 2010.