¿Qué comeremos en el futuro?

Que comeremos en el futuro
¿Que comeremos en el futuro?

¿Nunca te preguntaste qué comerán las personas en el futuro? Con los avances tecnológicos presentes, es probable que a futuro la comida también tenga un gran cambio. Imagina poder crear comidas que no tengan ningún ingrediente que provenga de la naturaleza, o cambiarles el color, toda clase de cosas extrañas de las cuales estamos a un paso de distancia.

De acá a 30 años, es decir, en el 2050 la población mundial sobrepasará los 8.000 millones de personas, y una de las preguntas inevitables que hay que hacerse es cómo vamos a alimenta a tanta gente cuando lleguemos a la mitad del siglo XXI.

Hay una variable ecológica que va a ser determinante para poder dar una respuesta: el cambio climático. Los países donde más va a crecer la población es donde más se van a notar los efectos del calentamiento global. Por otro lado, en países como España, con una gran variedad paisajística que da como resultado una alimentación muy variada, se va a notar mucho.

En 30 años comeremos sobretodo alimentos que no dependerán ni de la tierra ni del sol.

En casa, por ejemplo, tendremos biorreactores en los que crearemos nuestra propia proteína y, puesto que el 85% de la población vivirá en las ciudades, la agricultura se trasladará a las urbes, que se llenarán de huertos urbanos.

Y comeremos insectos. No sólo las personas, sino como alimento de otros animales. La FAO ya hace tiempo que habla de los insectos como una alternativa a la proteína animal. Y tanto en Malasia como en Indonesia se está empezando a criar, por ejemplo, a la mosca negra soldado para usarla como pienso. Esta mosca se alimenta de desperdicios y por tanto es mucho más barata y sostenible que la producción de pienso.

No es nada extraño, porque ya un gran porcentaje de la población mundial consume insectos, pero saber que será comida de todos los días igual suena raro. Es bastante asqueroso, pero en contrapartida sabemos que son ricos en proteínas y bajos en grasa. Quién sabe, quizás en el futuro ya no te desagraden tanto.

También nuestros hábitos de compra y a la hora de cocinar serán distintos en el 2050. Para ese entonces no recordaremos la última vez que fuimos a un supermercado. La compra en línea y la entrega por drones a través de la ventana de nuestras casas tendrán la culpa. Se calcula que cada año una persona toma 70.000 decisiones relativas a la alimentación, y que sólo un 15% de gente sabe qué cenará esa noche cuando se levanta por la mañana. La inteligencia artificial con la ayuda de la neurociencia nos ayudará en la toma de estas decisiones.

Las cocinas se llenarán de smart cooking devices y “tendremos impresoras 3D, que gracias a los datos podremos imprimir comida cada vez más ultrapersonalizada según nuestros gustos, pero también nuestras necesidades dietéticas y gustativas.En el futuro eso quizás nos permita reducir las tasas de obesidad y de alcoholismo, ya que tendremos alimentos más alineados con nuestro ADN.

Más población y menos alimentos por culpa del cambio climático implican mayor preocupación por el desperdicio alimentario, que será otra de las claves en la mitad de este siglo XXI. En una visión distópica del futuro esta cuestión será tan fundamental que quizás se llegue a crear un sistema de control alimentario que vigile qué comemos y qué desperdiciamos.

Entonces, ¿Qué comeremos en el futuro? ¿Quién producirá los alimentos? ¿Cómo alimentar un planeta donde se calcula que, en el año 2050, habrá más de 10 mil millones de personas?

No nos hacen falta nuevos alimentos sintéticos ni aumentar exponencialmente la producción, lo que importa es hacer accesible a las personas la comida que ya existe, que los alimentos dejen de ser tratados como una mercancía y sean considerados un bien común.

¿Cuál es la alternativa?

Aquellos que defendemos la soberanía alimentaria lo tenemos claro: recuperar la comida de verdad, apostar por una agricultura de proximidad, en manos del campesinado, que beneficia la economía local, con un modelo de producción ecológico, que cuida la tierra y quienes la trabajan. Sus detractores afirman que así es imposible alimentar un planeta con miles de millones de personas, pero según varios estudios científicos y la propia FAO, la agricultura ecológica puede garantizar mejor la alimentación de las personas que la agricultura industrial, eso sí: con una reducción del actual e insostenible consumo de carne a nivel mundial. Por cierto, con una carne de mala calidad, el maltrato sistemático de los animales y la precarización de los derechos de los trabajadores.

En definitiva, necesitamos una agricultura que ponga en el centro las necesidades de las personas y el cuidado del planeta, solo así en el futuro podremos comer todos y comer bien.