¿Qué es la Alimentación Sostenible?

Fidel Sánchez Alayo comenta sobre la Alimentación sostenible
Alimentación sostenible

La alimentación está de moda, en términos actuales, diríamos que es “trendy”. Pero, ¿qué es en realidad? ¿Qué significa y qué representa para cada persona? Llegar a algún tipo de consenso en esto resulta más difícil.

En un grupo medianamente numeroso será fácil encontrar a personas para las que la alimentación es dieta o nutrición. Es decir, lo que comemos, cómo nos alimentamos y el impacto que ello tiene sobre nuestra salud. Para otras, será gastronomía y cultura, hábitos y recetas, cocina. También habrá quienes piensen, primeramente, en agricultura, pesca y ganadería y en sus productos derivados y procesados: los alimentos. O aquellas personas que relacionen la palabra con los profesionales que viven, bien, mal o regular, con mayor o menor reconocimiento social por su labor, de estas actividades. Quizás no sea tan difícil encontrar a personas que piensen en la distribución, la logística, la transformación y la preparación de alimentos. Y finalmente, también habrá otras que relacionen la alimentación con el estudio de las leyes que rigen el sistema complejo de alimentación de un país o una ciudad. La alimentación, en definitiva, tiene muchas puertas de entrada y muchos enfoques posibles.

Y todo lo que he mencionado arriba son conceptos de lo que es la alimentación. Eso sí, para que sea sostenible, los procesos, iniciativas y programas que la manejan deben cumplir ciertos requisitos de perdurabilidad ambiental, social, nutricional y económica. Es decir que, por una parte, estos procesos deben sustentarse económicamente hasta conseguir un alto grado de autonomía, alcanzando la sostenibilidad económica. Por otra parte, deben integrar criterios de justicia social y lucha contra la precariedad, y contribuir de esta manera a una mayor sostenibilidad social del sistema. También deben preservar al máximo el planeta, contribuyendo a la sostenibilidad ambiental del conjunto. Y finalmente, deben tratar de asegurar que las personas a las que provee de alimentos maximizan con ellos su salud a largo plazo, trabajando de esta manera la sostenibilidad nutricional.

El tema es amplio y abarca toda la cadena de suministro de alimentos, desde los productores hasta nosotros los consumidores y sin dejar a un lado a los distribuidores. Como todos tenemos un impacto en esto de la alimentación sostenible, te presento una propuesta de 10 consejos fáciles de seguir para que nuestra forma de comer sea más acorde con el entorno, es decir, sostenible. Estos consejos no tienen más secretos que el sentido común, pues se trata de cosas que intento hacer habitualmente. Veamos a continuación.

  • Basa tu alimentación en productos de origen vegetal: frutas, verduras, cereales enteros, tubérculos, frutos secos y legumbres. Los alimentos de origen animal pueden formar parte de forma moderada. El motivo es doble, por un lado, se ha relacionado un exceso de consumo de alimentos de origen animal con un aumento del riesgo de determinadas enfermedades como las cardiovasculares, cáncer o diabetes.  Y por el otro, la producción de alimentos de origen animal tiene un gran impacto medioambiental, concretamente es responsable del 51% de las emisiones de los gases de efecto invernadero.
  • Planifica lo que vas a comprar y no adquieras alimentos en exceso que luego no puedas consumir.
  • Compra producto de temporada y de cercanía. Al ser de temporada su precio será más económico y justo. Además, si hablamos de frutas y verduras es más probable que estén en su punto de maduración y si nos referimos a animales (pescados y mariscos) estaremos respetando sus ciclos vitales. Por otro lado, al comprar a proveedores locales estarás contribuyendo positivamente en tu entorno social, favoreciendo el desarrollo económico de tu provincia o comunidad. En el caso de los pescados, lo razonable es capturar y consumir aquellos que cumplen con la talla mínima permitida, como medida útil para proteger el futuro de los recursos pesqueros. El FROM (Fondo de regulación y organización del mercado de los productos de la pesca y cultivos marinos) informa de las tallas mínimas para la pesca de las distintas especies: 20 cm para merluza o el lenguado, 11 cm para sardinas y salmonetes o 9 cm para el boquerón, etc. Es interesante que el consumidor sea consciente de ello, dado que solicitar en pescaderías, bares o restaurantes raciones de pescaditos, salmonetes u otras especies de peces inmaduros (que no alcanzan la talla mínima como para haber tenido crías) fomenta esta mala práctica de pesca y limita la supervivencia de estas especies.
  • Procura hacer la compra en las tiendas de tu barrio, a pie. De nuevo, contribuyes así al desarrollo económico y social de tu entorno, a la vez que reduces el impacto ambiental al no utilizar vehículos que usen combustibles fósiles.
  • Disminuye la producción de desperdicios, es decir, lo que se conoce como huella alimentaria, y aprovecha todo lo aprovechable, valga la redundancia. Para ello es fundamental invertir algo de tiempo en planificar la compra, las comidas y preparar lo justo. Se saca el máximo partido a los pescados pequeños si se come la espina (se aprovecha el calcio del esqueleto) o a las verduras al reutilizar el caldo de cocción para elaborar otras recetas. Las sobras, por muy pequeñas que sean, sirven para cocinar otros platos: sopas, guisos, estofados, salteados, etcétera.
  • Evita los envases superfluos, compra a granel y escoge preferentemente aquellos productos que hacen un uso responsable del embalaje.
  • Si compras productos envasados, procura que provengan de empresas con prácticas sostenibles.
  • Si te sobran hortalizas tipo cebolla, zanahoria, puerro o pimiento y no esperas utilizarlas en los próximos días, pícalas bien, mételas en una refrigeradora todas juntas o por separado y congélalas. Así siempre las tendrás listas a punto para preparar un salteado, freír un poco de cebolla para la base del aderezo de una comida o preparar una salsa de verduras. Recuerda etiquetarlas con la fecha del día que las congelas.
  • Además de alimentos crudos, hay muchos platos que pueden congelarse. Si a pesar de planificarte, te ha sobrado comida (lentejas, canelones, croquetas, caldo, estofado, etcétera) congélala y disfruta de ese rico plato durante las próximas semanas.
  • Cocina tus propios platos siempre que te sea posible. Además, mantener la tradición e identidad culinaria de tu zona es otra forma de sostenibilidad, ya que las recetas tradicionales se basan en producto local y de temporada.

La alimentación sostenible exige acostumbrarse a nuevos hábitos. Hay quienes aseguran que una iniciativa respetuosa con el medio ambiente es seguir una “dieta baja en carbono”. El objetivo, con independencia de la denominación, es el mismo: consumir alimentos que generen menos gases de efecto invernadero para reducir los efectos negativos del cambio climático.

Cada paso permite acercarse a un modelo de alimentación sostenible al tiempo que se convierte en una actuación más respetuosa con la naturaleza, con las generaciones futuras y con las sociedades más desfavorecidas.

Espero que mi post te haya servido y sobretodo que empezamos a poner en marcha por lo menos algunos de los consejos de alimentación saludable para contribuir con nuestras futuras generaciones.