¿Cómo la inteligencia artificial ayuda a los niños con autismo?

La medicina es uno de los sectores que muestra cómo la inteligencia artificial puede mejorar la vida de las personas con autismo.

La inteligencia artificial ayuda a recopilar información analizarla, encontrar patrones y personalizar los tratamientos. Además contribuye a que esté aumentando el número de pacientes que superan ciertas enfermedades.

Distintos proyectos , como los que desarrolla el Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial (IIIA), demuestran su utilidad en investigaciones enfocadas a los daños cerebrales, enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer y el autismo.

En realidad, la inteligencia artificial y la medicina están conectadas desde los años 50. En ese momento, la inteligencia artificial ya se estaba desarrollando en los sistemas informáticos pero la medicina no estaba digitalizada. Ahora, en este mundo cada vez más digital en los hospitales y centros médicos, estas dos disciplinas se han encontrado. Y parece haber llegado en el momento más oportuno.

Ayudar a los niños con autismo a identificar expresiones faciales de otras personas. Ese es el objetivo de una iniciativa que han desarrollado a la par la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y Google con sus gafas de realidad aumentada, las Google Glass, a la que introdujeron una aplicación que utilizaba inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático o machine learning (ML) y reconocimiento facial.

En un estudio realizado se ha utilizado una aplicación diseñada por la Universidad de Stanford, y que proporciona información en tiempo real sobre las expresiones faciales de otras personas a un niño que usa Google Glass.

A medida que el niño autista interactúa con los demás, la aplicación identifica y nombra sus emociones a través del altavoz o la pantalla Google Glass. Después de uno a tres meses de uso regular, los padres de los niños con autismo que utilizaron el dispositivo informaron que sus hijos hicieron más contacto visual y se relacionaron mejor con los demás.

Catorce familias, cada una con un hijo autista entre 3 y 17 años, probaron las Superpower Glass en su casa durante 10 semanas y usaron la terapia durante al menos tres sesiones de 20 minutos por semana con un programa de reconocimiento facial que se podía utilizar en modo “juego libre”, en el que los niños usaban Google Glass mientras interactuaban o jugaban con su familia. El software daba al niño autista una señal visual o auditiva cada vez que reconocía una emoción en la cara de alguien en el campo de visión.

El equipo de la Universidad De Stanford desarrolló una aplicación inteligente para teléfonos móviles que utiliza el aprendizaje automático para reconocer 8 expresiones faciales principales como la felicidad, sorpresa, neutralidad, enojo, disgusto, miedo, tristeza y desprecio.

La aplicación se basó en miles de fotos de caras que muestran los diferentes modos de expresión y, además, era posible que los niños con autismo calibraran a sus propios rostros como “neutrales” si así lo consideraban necesario.

Cada paciente es distinto, no todos tenemos el cerebro igual y, aunque estén dañadas las mismas zonas, no a todos les afectan los daños de la misma forma.

Con la inteligencia artificial podemos ver qué tipo de ejercicios son mejores para cada paciente. Además, se están teniendo en cuenta los gustos y preferencias de cada persona, que pueden ayudar en su recuperación. Ahora mismo están trabajando con pacientes con daño cerebral adquirido pero se están abriendo a pacientes con Alzhéimer y trastorno bipolar.